Creatividad Pura
Treinta y nueve obras. Doce autores. Todos empezaron a crear en la tercera edad, justo cuando el mundo da por hecho que ya no se empieza nada.
Casi todas las exposiciones hablan de talento. Esta habla de resiliencia.
Lo que hubo en esta sala es trabajo. Es sentarse frente a una tela en blanco sin saber por dónde. Es mirar de frente el miedo a hacerlo mal. Es desobedecer a quien te dijo, con toda amabilidad, que a tu edad ya no se aprende nada nuevo. Cada autor es socio de GereOM y llegó a crear por la misma razón por la que llega a todo lo demás que hacemos: porque la capacidad de aprender no se jubila.
Para pintar un cuadro o levantar una escultura hay que sostener la concentración durante horas, a veces durante días. Hay que planear una secuencia y recordarla. Hay que gobernar la mano con precisión. Cognición, atención, motricidad fina. Son exactamente las mismas capacidades que necesita una persona para vestirse sola, para manejar su dinero, para seguir viviendo en su casa. Eso es lo que llamamos independencia y autonomía, y estuvo aquí, a la vista.
Hubo un segundo invitado en esta sala. No tenía nombre ni firma, pero estaba en todas las piezas: lo que cada uno traía adentro y no encontraba cómo decir. El duelo que nunca se habló. La casa donde se creció. La alegría que ya nadie preguntaba.
A veces no hace falta que nos cuiden. A veces basta con que nos vean.
Ninguna de estas obras estuvo a la venta. Hay cosas que no se adquieren con dinero.
Todavía puedo
Cada visitante escribió una tarjeta: «Todavía puedo…» y «quiero que el adulto mayor que vive en mí pueda…». Escribieron personas de 15 a 70 años. Al leerlas, no se podía distinguir quién era quién.
Aquí no importa la edad que tengas. Todos estamos envejeciendo desde hoy.
A quienes lo hicieron posible
A Betty, nuestra maestra de arte, porque nada de lo que estuvo en esa sala existiría sin ella. Y sobre todo a nuestros socios: gracias por enseñarnos lo que un día vamos a ser.
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Pide tu pase de cortesía y pasa un día en el club.














